
Ninguna familia de plantas ha producido un número tan grande de híbridos, tanto naturales como inducidos por el hombre.
Se estima que existen cerca de 100,000 variedades híbridas en la actualidad, y el número sigue creciendo, como resultado de la intensa actividad hibridizadora desplegada por cultivadores profesionales y aficionados.
Tomar polen de una flor para depositarlo en otra, y de esta manera obtener una planta híbrida, no reviste mayor problema.
La dificultad radica en
las semillas que producen las cápsulas (que es como se llama al fruto de la orquídea):
no contienen éstas el alimento, necesario para iniciar la germinación, que otras semillas llevan consigo, como es el caso de la albúmina de los frijoles.
En la naturaleza, las semillas de orquídea se asocian con un hongo que produce los azúcares que permitirán al embrión iniciar su desarrollo. Sólo hasta que este alimento se produjo en el laboratorio es que la industria de la hibridización alcanzó las proporciones de verdadera explosión que experimenta hoy día.
Muchas de las Cattleya (FOTO) , Phalaenopsis, Cymbidium, Paphiopedilum y Vanda que admiramos en las exposiciones, son producto del paciente trabajo del experimentador exitoso.